Hay listas que no deberían existir. Y sin embargo, ahí están, desafiando siglos de escepticismo y alimentando uno de los debates más persistentes dentro y fuera de la Iglesia católica.
En el año 1139, un arzobispo irlandés llamado Malaquías de Armagh viajó a Roma para rendir cuentas al papa Inocencio II. Según la tradición, durante ese viaje tuvo una visión. Una visión en la que pudo ver, uno por uno, a todos los papas que gobernarían la Iglesia hasta el fin de los tiempos. Y los describió a todos. En latín. En frases de apenas dos o tres palabras.
La lista, conocida como las Profecías de San Malaquías, incluye 112 pontífices. El último lleva el nombre de Petrus Romanus. Pedro el Romano. Y según el texto, tras él, Roma será destruida.

¿Quién fue San Malaquías?
Malaquías de Armagh nació en Irlanda en 1094 y fue uno de los reformadores más influyentes de la Iglesia irlandesa de su época. Fue canonizado en 1190 por el papa Clemente III, convirtiéndose en el primer irlandés en ser declarado santo por Roma.
Era conocido por su piedad, su austeridad y, según sus contemporáneos, por poseer dones proféticos. Su biógrafo más célebre fue nada menos que San Bernardo de Claraval, quien documentó varios milagros atribuidos al arzobispo.
Sin embargo, las famosas profecías no aparecieron en ningún documento hasta 1595, cuando el monje benedictino Arnold Wion las publicó en su obra Lignum Vitae. Este retraso de más de cuatro siglos entre la supuesta visión y su publicación es, precisamente, uno de los argumentos más utilizados por quienes las consideran una falsificación.

La lista de los 112 papas
Cada papa de la lista aparece descrito con una breve frase en latín, un lema que supuestamente alude a su origen, su escudo de armas, su nombre o algún rasgo definitorio de su pontificado.
Algunos ejemplos resultan llamativos. El papa Urbano VIII, nacido en Florencia, aparece descrito como "Lilium et Rosa" —el lirio y la rosa—, flores que figuran en el escudo de armas de su familia. El papa Pío XII, que gobernó durante la Segunda Guerra Mundial, aparece como "Pastor Angelicus", el pastor angélico, un título que sus seguidores consideraban apropiado para un pontífice de profunda espiritualidad.
Los escépticos señalan que muchas de estas correspondencias son forzadas o interpretadas a posteriori. Pero los creyentes en las profecías responden que el número de coincidencias es demasiado elevado para ser pura casualidad.

Las coincidencias que nadie puede ignorar
El debate se intensificó con el pontificado de Juan Pablo II, descrito en la lista como "De labore Solis", del trabajo del sol. Nació el 18 de mayo de 1920, día de un eclipse solar. Fue enterrado el 8 de abril de 2005, también durante un eclipse solar. Coincidencia o no, la precisión de la descripción dejó a muchos sin palabras.
Benedicto XVI aparece como "Gloria Olivae", la gloria del olivo. La orden benedictina, a la que pertenece el símbolo del olivo en la tradición cristiana, dio nombre al papa que eligió llamarse precisamente Benedicto. Ratzinger, además, fue el primer papa en renunciar voluntariamente en casi 600 años, un hecho sin precedentes que algunos interpretaron como el cumplimiento de una señal.
El último papa: Petrus Romanus
Tras Benedicto XVI llegó Francisco. Y según la lista de Malaquías, Francisco sería el último papa. El número 112. El que cierra la lista.
Su lema en las profecías es "Petrus Romanus": en la última persecución de la Santa Iglesia Romana, gobernará Pedro el Romano, quien apacentará a sus ovejas entre muchas tribulaciones, y cuando estas hayan pasado, la ciudad de las siete colinas será destruida y el terrible juez juzgará a su pueblo.
Jorge Mario Bergoglio no se llama Pedro. Pero sus defensores señalan que tomó el nombre de Francisco en honor a San Francisco de Asís, cuyo nombre completo era Francesco di Pietro —Francisco de Pedro— di Bernardone. Pedro, de nuevo, aparece en la sombra.

Lo que dice la Iglesia
La postura oficial del Vaticano es de escepticismo prudente. Las profecías no forman parte del depósito de fe católico y no están reconocidas como revelación auténtica. La mayoría de los historiadores eclesiásticos las consideran una falsificación del siglo XVI, elaborada posiblemente para influir en el cónclave de 1590.
Y sin embargo, la lista sigue circulando. Sigue siendo estudiada. Sigue generando preguntas.
Porque hay algo en la idea de que un monje del siglo XII pudo ver el futuro de la Iglesia que resulta imposible de ignorar del todo. Aunque solo sea para preguntarse: ¿y si hubiera algo de verdad en todo esto?
El Eco del Misterio — Donde la historia guarda silencio, nosotros preguntamos.
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